LA CARNICERÍA DE CODES


La CARNICERÍA de CODES estaba situada en la subida izquierda a la Iglesia.

Actualmente no existen restos de ella, siendo su desaparición a finales del pasado milenio. El riesgo de ruina hizo que el Ayuntamiento procediera a su derribo, y que su pequeño solar, pasara a formar parte de la subida a la Iglesia.


El abastecimiento y consumo de carne era fundamental para el correcto funcionamiento de los pueblos, y en el nuestro, como en otros, se consideraba a esta actividad como parte de la gestión pública del Ayuntamiento. De nuevo, una actividad tan importante, y al no existir establecimientos privados que la realizaran, era gestionada directamente por los habitantes del pueblo. Esta autogestión de los recursos y necesidades del pueblo, nos muestra una comunidad de vecinos solidaria y autosuficiente, y con una total organización y estructura para ello.


Esta actividad de la Carnicería, y de venta de carne, perduró hasta principios de los años sesenta del siglo XX, años difíciles para los pueblos, en los que estaba sucediendo una casi total despoblación de Codes desde mediados de los años cincuenta.


LA EDIFICACIÓN:


Era una construcción de pequeño tamaño, dividida en el Establecimiento de Atención al Público y en la Corte ("Cachuchil") donde se guardaban las reses a sacrificar. Ambas eran independientes la una de la otra.

El interior del establecimiento apenas contaba con 10 metros cuadrados y su recinto albergaba un mostrador de atención al público sobre el lateral izquierdo una vez se entraba en él. En su cubierta se encontraban numerosos ganchos y arandelas que servían para el sacrificio y oreado de las reses.

Anexo a la construcción principal se encontraba el ¨CACHUCHIL¨, pequeño espacio en la parte superior de la edificación e independiente de esta, donde se cerraban hasta una docena de ovejas o corderos, y que iban a ser sacrificados en el día.


Su construcción era en mampostería y se caracterizaba por los grandes sillares de piedra que componían su puerta de entrada, ventanas y esquina inferior.

La carnicería era un edificio singular dentro de las construcciones del pueblo y desconocemos su gran antigüedad.

Los antiguos codeños que la construyeron la dotaron de grandes sillares de piedra, que destacaban en su pequeña fachada y esquina. Una pena su desaparición, debido a su interés arquitectónico y la historia que albergaba.


LA GESTIÓN:


En el mes de mayo, el Ayuntamiento de Codes sacaba a concurso mediante subasta la gestión de la Carnicería del pueblo. La concesión era por un año (mayo a septiembre) y cualquier habitante empadronado en el pueblo podía acceder a pujar por ella. Quien más barato prestara en servicio conseguía el permiso. Ya en la subasta se fijaban unos precios para la venta de la carne.


A finales del mes de mayo, y una vez ya adjudicada la carnicería, los Codeños llevaban sus corderos u ovejas destinadas a carne y se las entregaban vivas al carnicero, quien las pesaba en esta entrega. El número de unidades dependía del total de rebaño que cada codeño tenía, se fijaba la entrega de un cordero u oveja (según se acordara para la campaña) según el numero de reses totales que se tenían. Por cada 15 o 20 animales en rebaño, existía la obligación de entregar una unidad al "común" de la carnicería, cuyo destino era la producción de carne para los habitantes de Codes.

Los corderos y ovejas se entregaban marcados con el "hierro" perteneciente a cada casa/familia del pueblo, para así diferenciar a sus propietarios.

Durante los tres meses iniciales se llevaban a pastos vedados por el Ayuntamiento, en las acequias y ribazos de donde estaba el cereal sembrado. Llegado agosto se cosechaba y todo el ganado del pueblo podía acceder a estos pastos de cereal, por lo que el carnicero llevaba sus animales a un nuevo coto vedado, el se se había destinado ese año para el cultivo de los garbanzos.


La ganancia del carnicero, residía en los "kilos extras" en los que lograba engordar a las reses, y que una vez vendidas, y descontados todos los gastos de la actividad, le generaban el beneficio de la campaña, que comprendía desde finales del mes de mayo hasta la festividad de la Virgen del Buen Suceso en el mes de septiembre.

Tenemos en cuenta que el carnicero debía poner a disposición de los depositarios del ganado una cantidad establecida de carne. A finales de mayo el animal entregado pesaba unos 20-21 kilos, de los que en los meses de engorde siguientes, y una vez procesada la carne, al menos se ofrecían unos diez kilos de está a los propietarios.

Otra fuente de ingresos de la actividad era la venta de las pieles de los corderos. Una vez llegaban los pellejeros al pueblo, se identificaba al mejor postor por las pieles, y se le vendían. En estos menesteres cierta fama adquirieron los "campellanos", pellejeros de la vecina localidad de Campillo de Dueñas.


A mediados del mes de Julio se comenzaba con la venta de carne en el recinto destinado a ello. Esta actividad se alargaba hasta la festividad de la Virgen del Buen Suceso, a finales del mes de septiembre, donde eran sacrificadas la totalidad de reses que quedaban, y que normalmente se establecían en una docena de unidades.

A última hora de al tarde, y una vez que los animales habían quedado alimentados y cerrados hasta el día siguiente, el carnicero traía los corderos u ovejas que iban a ser sacrificadas. El número dependía de los encargos que se habían realizado por los codeños el día de antes.

Las mujeres del pueblo que eran las propietarias iniciales de las reses que ahora se iban a matar, acudían a la Carnicería con sus calderos de zinc, a por la sangre y a por la casquería de los animales. El carnicero seleccionaba las reses de manera que cada una perteneciera a un propietario distinto y que hubiera mediado un tiempo prudencial desde la última vez que se había sacrificado una del mismo dueño.

Que decir, que el cerrado de los animales en el "Cachuchil" y su posterior desollamiento y secado de la carne generaba un intenso y desagradable olor en las proximidades a la Carnicería que los lugareños denominaban "mugre".

Vista del "Cachuchil" desde el Arco de Levante de la Iglesia

Durante toda la noche se dejaban colgados para que la carne se oreara y muy a primera hora del día siguiente se abría el establecimiento. Por turno de llegada, se iba solicitando la cantidad y el carnicero procedía al descuartizamiento de las piezas, que entregaba envueltas en papel.


En la venta de la carne no se solían diferenciar las partes del animal, salvo que el comprador así lo solicitara, y se encargaba por medios kilos y kilos.

El acceso a la carne lo tenían tanto los que aportaban reses, como aquellos residentes que no las tenían por desarrollar otras actividades distintas a la ganadería o por ser "veraneantes", pues es en está época del año cuando se producían las ventas.

Como curiosidad, decir que eran las personas sin ganado las que mayor acceso tenían a la carne y a lo mejor de esta, pues mayor era su nivel adquisitivo, bien por lo que le reportaban las actividades que realizaban dentro del pueblo o por ser personas ya establecidas fuera de Codes. Estas personas abonaban directamente la carne que adquirían.


El consumo de carne se disparaba durante los meses de verano en el pueblo, y más en concreto en el mes de agosto, que coincidía con la campaña de siega y la época de veraneo de los que venían de las ciudades.


Durante la siega el campesino, y dentro de las posibilidades de cada familia, debía estar lo mejor alimentado, pues las temperaturas del verano y el esfuerzo realizado así lo requerían.

Una de las comidas principales del día era el "TAJO", se comía un guiso o cocido de cordero con garbanzos, elaborado por los que tenían "abuela" o "mujer" que quedará fuera de las labores del campo. Una vez las mulas descargaban la Mies en las eras del pueblo, llevaban la olla allí donde se estaban realizando las tareas de siega.


LA TARJA:

En lo que se refiere a la relación entre el carnicero y los codeños que habían depositado sus reses, y para el control de las ventas y compras, existía un instrumento denominado TARJA.

Este consistía en un listón de madera de sabina, en el que se realizaban cortes (pintes) en función de la carne adquirida. La tarja era personal e intransferible para cada familia, y tenía una validez anual.

Para diferenciarla y evitar pillerías de sus usuarios, en ella figuraba el nombre de la familia y el Herrero la marcaba con un sello "a ascua", que era únicamente para esa campaña.

Según la carne que se adquiría el carnicero marcaba la Tarja, con un corte o "pinte" en la madera. Un medio corte para el medio kilo de carne y un corte completo para el kilo. El corte de los medio pintes solía quedan completado al adquirir un nuevo medio kilo de carne.

Al finalizar el mes de septiembre se hacía recuento de la carne que había consumido cada familia partícipe y se calculaba el "saldo" existente con el carnicero. Si el saldo era positivo, el carnicero abonaba dinero a la familia, y en caso contrario de saldo negativo era la familia la que pagaba al carnicero por el exceso de carne consumida.



Dejamos constancia del singular recuerdo e historia de está tradición y edificio de CODES, fundamental para la existencia y crecimiento de nuestro pueblo en los siglos anteriores, y que con el paso de los años va quedando en lo profundo de nuestros recuerdos, posiblemente camino de lo olvidado...

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