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CRUZ de MAYO

  • Foto del escritor: Codes Antiguo
    Codes Antiguo
  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura

Preámbulo del festejo de San Paulino, se celebraba esta festividad el uno de mayo. Austera en las formas se realizaba a primeras horas de la mañana, y en ella se realizaba la bendición de los campos al “pago” que pertenecían.

 

“Uno de mayo, la cruz de mayo, para que se sepa que ha entrado mayo”

 

La comunidad de Codes se reunía para velar la Cruz y rogar por un año fructífero en las labores agrícolas. Más que religioso, el enfoque agrícola del festejo era especialmente más fuerte en las zonas rurales y desfavorecidas como la nuestra, donde la agricultura era piedra angular para la subsistencia y alimentación de las familias.

Por ello, creemos entender que también se celebraba para honrar a la naturaleza, madre del tiempo con su tormentas, lluvias y vientos, y para pedir fertilidad para la tierra y asegurar buenas cosechas. 

 

Era común que, como en Codes, se colocarán cruces de madera en las zonas más altas o limítrofes de las poblaciones para proteger a sus habitantes y sus tierras.

En nuestro caso representaban los dos puntos más altos del caserío y del cerro, la CRUZ del CASTILLO, y la CRUZ de la ERMITA.

 

LA CRUZ DEL CASTILLO

 

Es la cúspide del caserío, donde se domina abiertamente todo el sabinar y los campos de cultivo del término en su orientación de sur a norte.

Desde su cruz nos encontramos ante un horizonte verde de sabinas y las pequeñas manchas de las tierras de cultivo del PAGO de ARRIBA.

 

LA CRUZ DE LA ERMITA

 

Aquí es donde nos encontramos ante el punto más alto del cerro, alcanzando su máxima altitud con 1349 metros sobre el nivel del mar.



Desde su cruz divisamos de norte a sur la “umbría” del cerro, y a su derecha la cercana población de Barbacil.

Todas las tierras a la vista pertenecen al PAGO de ABAJO.

 

LOS PAGOS de CODES

 

En Codes existen estos dos pagos, el de ARRIBA y el de ABAJO.

Su cultivo y barbecho se alternaba año a año, con total disciplina de todos los habitantes, siendo una norma no escrita desde tiempos inmemoriales.

Según correspondiera el pago de cada año, se celebraba la festividad de la CRUZ DE MAYO, bien en la Cruz del Castillo (Pago de Arriba), o en la Cruz existente en la Ermita de la Virgen del Buen Suceso (Pago de Abajo).

 

LA FESTIVIDAD

 

Los recuerdos de los mayores del pueblo nos relatan que al punto de la mañana tocaban las campanas con repique de ir a misa, y en la puerta de la Iglesia se congregaba y arremolinaba todo el pueblo de Codes pues, según el codeño o codeña, se vivía en una época de religiosidad fervorosa o de obligado cumplimiento y, salvo en casos excepcionales por enfermedad, la vida de la población paraba en ese momento y dejaba en espera las tareas cotidianas de un día normal.

 

Se partía en procesión desde la Iglesia, todos juntos, pero eso si bien separados a un lado las mujeres y a otro los hombres.  La comitiva la presidía la cruz, y era acompañada por dos monaguillos, con sus vestimentas blancas y rojas, y que portaban una bandeja con las cruces o “velotes” que se iban a utilizar para la bendición.

 

En todo el trayecto el señor cura iba invocando en latín las letanías, y a la que los asistentes correspondían con su “ora pro nóbis” para así conseguir la intercesión de los invocados ante Dios.

Nos cuentan nuestras abuelas que los “ora pro nóbis” de las mujeres sobresalían sobre los de los hombres, pues estos eran un poco “gamusinos” y no participaban mucho en las letanías, prefiriendo ir callados.

 

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AÑO AL PAGO DE ARRIBA, PROCESIÓN AL CASTILLO

Recuerdan nuestros mayores que a principios de mayo solía hacer todavía frío y mucho viento, y que pocos y “contaos” eran los años en los que se acompañaba al señor cura hasta la cruz. Mucha de la gente se quedaba sobre las cortes que dan acceso al Castillo, en la esquina de la “Era del Tío Víctor”, y sobre las que todavía solía existir nieve en la parte que daba a la umbría.

Era costumbre de la época el ir arropados con sallas y bufandas, y algunos pocos hombres con capa.

A lo lejos el señor cura con su capa que se le “volaba por la cabeza del aire que hacía” oficiaba la bendición junto con el sacristán.


 

AÑO AL PAGO DE ABAJO, PROCESIÓN A LA ERMITA

Al igual que en el Castillo, el frío y aire eran comunes, y según de donde viniera el viento, casi era peor, y muchos buscaban refugio en el “portegao” de la Ermita mientras se oficiaba la bendición.


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Eran los días de SAN GUILINDÍN (San Paulino), que así lo tenían bautizado y así era conocido para los habitantes de los cercanos pueblos del Valle del Mesa (Mochales, Villel…)

Rezaba el dicho de estos que “hasta que no pase San Guilindín el tiempo sería malo” (haciendo referencia a las festividades en Codes).

Nada más lejos de la realidad meteorológica, pues aunque era el mes de mayo, eran frecuentes las heladas y corrían peligro sus huertas y frutales.  


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Llegados al Castillo o Ermita, el sacristán ponía unos “velotes”, como un “dedín” de pequeños y tallados en cera a forma de crucifijo, en las cuatro caras de la parte superior de la Cruz que se encuentra en estos sitios.

Estos querían en parte simbolizar los cuatro puntos cardinales y con ello sus vientos: El Cierzo en el Norte, el Ábrego en el Sur, el Regañón en el Este y el Solano en el Oeste.

Tras esto, el cura incensaba la Cruz, y rezaba un responso y rogativas, a forma de bendición y de plegaria para que trigos y cereales fueran buenos ese año.

 

Se volvía de nuevo del Castillo o la Ermita a la Iglesia, tal y como se había llegado, con el señor cura orando letanías en latín, y con la obediente respuesta de la comitiva.

 

Ya en la Iglesia, se oficiaba una MISA formal, cual domingo, y tras está los habitantes del pueblo volvían a sus tareas, iniciando la jornada laboral.


Los hombres ya solían haber comenzado a sembrar las patatas, garbanzos, guijas… y las mujeres acudían a sus tareas como el horneado del pan y bajar al Balsón a lavar…


La vida de la localidad retomaba su rutina diaria, ya amparada con la protección que había solicitado a su Dios, y con el respeto demandado a la madre naturaleza para así asegurar un año de buenas cosechas…

 

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